Desde la última crisis de los a
ños ’90, la banca española convivió con restricciones que limitaron su intervención en sectores como los CMBS y la participación directa en promociones inmobiliarias. La diversificación de muchos bancos españoles hacia el extranjero ayudó en parte a capear la tormenta interna.Durante años la banca ofrecía cada vez más facilidades de financiación, prestando a los promotores, que no daban abasto desarrollando enormes urbanizaciones alrededor de las grandes, y no tan grandes, urbes y, peor aún, a lo largo de la castigada costa Mediterránea.
Pero no habría promoción si no hay demanda, y aquí los bancos se lucieron en paralelo. Hipotecas de hasta 50 años, con tasas muy bajas de interés y hasta el 110% del precio prestado (100% para comprar y 10% para gastos).
…Y vino la noche….. Veamos unas estadísticas: Más del 10% del PIB dedicado a la construcción; Se construían anualmente, durante el boom, unas 800.000 unidades (más que el Reino Unido, Alemania y Francia juntos); una demanda interna estimado solo entorno a los 200.000 unidades anuales; más de un millón de unidades sin vender.
A partir del verano del 2008 prácticamente se cierra el grifo de la financiación, la construcción cae en picada y el desempleo se dispara (liderado por la caída de la construcción y el turismo), rebajando una demanda de compra voraz a un mundo de oportunidades limitado solo a aquellos con los bolsillos llenos. Es decir la inmensa minoría.
Y en un círculo vicioso macabro es la misma banca que se está convirtiendo en la mayor compradora de las sobras de la burbuja. Los promotores y las grandes inmobiliarias no cumplen sus compromisos, y la banca prefiere comprar los inmuebles a precio de deuda, en vez de declarar pérdidas. Este inmenso caudal de producto lo venden a cuenta gotas ya que la mayoría de estas ventas sí darían pérdidas, y cuantiosas.